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  • daniroman

Cómo evitar el efecto rebote



Si estás leyendo esto es porque algo de tu cuerpo o de tu estilo de alimentación te está incomodando.


Has hecho dietas y has bajado de peso, logrando tener un cuerpo liviano durante un tiempo, pero siempre terminas subiendo todo lo bajado. Eso te genera muchísima frustración y una especie de desesperanza, de que ese cuerpo liviano requiere demasiado sacrificio y de que tú no eres capaz de sostener ese sacrificio en el tiempo.


En este artículo te quiero contar que cuidarte no depende solamente de si tienes suficiente fuerza de voluntad como para resistir las tentaciones o no.


Si no has logrado mantener tu peso ideal, probablemente tiene más relación con lo siguiente:


1. No permitas que un cumpleaños te lleve al descontrol.


Muchas veces sentimos que vamos como avión con la dieta, pero basta con que nos inviten a un cumpleaños lleno de "chanchadas" para que nos comamos todo lo que nos habíamos estado restringiendo.


Cuando eso pasa, muchas veces es difícil retomar la comida saludable porque empiezan a aparecer excusas que te llevan a que termines comiendo mal todo el fin de semana.


"Ya si el lunes empiezo la dieta de nuevo", "en la semana hago más ejercicio", "es que es LA oportunidad de comerme esto tan rico", "si total igual estoy flaca", "total nunca voy a pesar menos de 60 kilos", etc.


Está bien comer torta en un cumpleaños y disfrutar de la comida con tus seres queridos. ¡Eso no es algo malo! Disfrutemos ese momento y luego volvamos a nuestra rutina saludable.


Te dejo este mantra que leí en el libro de Karolina Lama y Marcela Trujillo: "Quiero ser flaca y feliz":


"Voy a volver a mi rutina saludable a la siguiente comida"


No mañana, no el lunes... a la siguiente comida.


2. Cuando te den ganas de comer algo dulce, busca una opción más saludable.


No es necesario que te tortures y que luches contra el antojo. Hay veces en que el mismo cuerpo te pide algo dulce porque necesita algún nutriente de la fruta, por ejemplo.


Entonces, analiza bien ese antojo: ¿qué podría satisfacerlo? Algo jugoso como una fruta, algo "crunchy", algo esponjoso...


Una vez que sepas qué podría ser, prepárate algo sano y rico y cómetelo disfrutando cada bocado. Porque si no le pones la atención que se merece tu comida, es como si no hubieses comido y vas a querer seguir comiendo más.


3. No te restrinjas.


Has clasificado la comida en dos categorías: engorda o no engorda. Usualmente, la comida que más te gusta, es la que engorda, entonces luchas contra eso y con el dolor de tu alma rechazas chocolates, galletas, tortas, papas fritas y hamburguesas.


Tanta restricción es una bomba de tiempo de ansiedad. Esa misma restricción es la que te lleva a comer sin control después de que la dieta se acaba y volver a subir de peso. En ese sentido, ningún extremo es bueno, lo que realmente es bueno y que funciona a largo plazo, es ser flexible y ser capaz de mantener un equilibrio entre “lo que engorda” y lo que “no engorda”


Enfócate en lo que SÍ puedes comer y busca opciones. ¡Te aseguro que hay muchas! Puedes encontrar cosas ricas en tiendas como @aldeanativa @veggotienda @sweetfran_tienda


4. Busca otras fuentes de placer que no sean comida.


No tienes muy claro qué otras actividades te hacen feliz, además de comer. Entonces, cada vez que estás teniendo un mal día, buscas la comida como alivio.


Cada vez que te aburres, te pillas a ti misma comiendo sin hambre.


Cada vez que te enojas, comes rapidísimo lo que sea que encuentres.


Cada vez que estás triste te comes una barra de chocolate entera.


Las emociones por sí misma no son malas, no hay que taparlas con comida. Si te estás sintiendo así, es porque algo importante te pasó y necesitas resolverlo, pero SIN COMER. Porque eso generalmente te hace sentir culpable después, entonces lo empeora todo.


¿Qué te hace feliz? ¿Qué te da paz y calma? ¿Qué te ayuda a relajarte? ¿Quién te hace sentir mejor?


¡Haz más de lo que te hace feliz!


Y que la comida sea para nutrirte, no para hacerte sentir mejor.





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